Las cercas como prisión simbólica

por patrickjmacosta

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En “Corre, conejo”, Jhon Updike nos cuenta sobre Harry «Conejo» Angstrom, un antiguo as del baloncesto que ahora es un modesto vendedor en los años 60, y que un día, sin razón aparente, abandona a su esposa e hijo para andar sin rumbo fijo tratando de escapar del inexorable peso de la existencia humana.

Esto recuerda a una conversación que tiene Troy Maxson, un antiguo jugador de béisbol al que le gusta hablar en metáforas del deporte, recordar glorias pasadas y las injusticias de su tiempo, con su amigo Bono, con el que juntos son ahora recolectores de basura. Hablan de la época de sus padres, y cómo muchos solían huir de la jaula en la que estaban atrapados por sus familias, “corriendo al vacío”, hasta volver a establecerse en “nuevas tierras”.

Sin embargo, también existía otro tipo de personas. Las que aceptaban la responsabilidad de cuidar de su familia, no por un sentido afectivo, sino por el deber de hacerlo.

Es comprensible que Fences no le guste mucho a la gente. Por los comentarios que había leído, de que tiene “mucho drama”, creí encontrarme con una película algo sobreactuada, melodramática y que apela a la emoción facilista. Pero no es así. La cosa es que Fences, como dije antes, maneja un lenguaje diferente al que la mayoría está acostumbrado a ver -cimatográficamente hablando -; porque condensa el peso del guión en las actuaciones y el diálogo (algo que es más usual en el teatro). El espacio es bastante reducido, y muchos elementos que normalmente se deberían ver, se mencionan y están ahí, pero implícitamente. Personajes relevantes que nunca se muestran, lugares que tampoco aparecen. La música y la fotografía se aprecian solo en momentos claves, para liberar un tensión que vino en cascada y nunca cesó, hasta que por fin te permite respirar. La gente ve en esta película un conflicto supuestamente cotidiano, un drama familiar ambientado en un contexto específico al que le falta un discurso universal y tópico como el racismo o la pobreza. Se dejan llevar por diálogos aparentemente banales que sirven para darle énfasis a los matices de los personajes. Pero ya no ven más allá. No son capaces de apreciar las reflexiones sobre la violencia, el sentido de responsabilidad, la rutina y el vacío que provoca, los traumas que se heredan, las proyecciones, la búsqueda de liberación y salvación por medio del escape físico o mental. En fin, creo que es comprensible que no se vean todos estos elementos para el espectador común, pero de que es una gran película, lo es sin ninguna duda.

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