[Cuentos Infantiles] Los gatos de James Joyce

por patrickjmacosta

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En algún momento de su vida, el irlandés James Joyce (1882-1941) también fue “víctima” del instinto protector de ser abuelo. Considerado uno de los más influyentes escritores del siglo XX, y conocido principalmente por su novela Ulises (1922); escribió en 1936, entre septiembre y octubre, sendas cartas con los dos únicos cuentos infantiles que se le conocen. El destinatario era su único nieto, Stephen J. Joyce (cuyo primer nombre pertenece al alter-ego juvenil del autor, Stephen Dedalus). ¿Qué tienen en común, entre sí, ambos cuentos? Sí, la respuesta es la presencia de gatos. Al parecer le envió uno lleno de dulces al pequeño Stephen, que por ese tiempo tenía 4 años y vivía en Francia (mientras que él residía en Dinamarca por una temporada), y para ambientar un poco le mandó las cartas ulteriormente.

El primer cuento, “El gato y el diablo”, fue publicado originalmente en Letters of James Joyce (1957) que posteriormente fue ilustrado en distintas ediciones (a partir de 1964) como un libro individual para niños. La historia de “Los gatos de Copenhague” es un poco más escabroza. La carta fue donada por Hans Jahnke, hijo de la segunda esposa de Giorgio Joyce (hijo de James), a la Fundación James Joyce en Zürich. Quienes han visitado estas instalaciones cuentan que cualquier investigador interesado en la amplia bibliografía disponible, es bienvenido y tiene un acceso muy poco restringido a los textos; incluso con la posibilidad de tomar notas o sacar fotografías (algo inusual en lugares de esta naturaleza). Es en este contexto que a inicios del 2012, la imprenta irlandesa Ithys Press dio la sorpresa y llamó la atención del mundo literario al anunciar la publicación de una edición de lujo -con ilustraciones- de 200 ejemplares (los precios oscilan entre las 300 a 1200 libras) de un cuento inédito del escritor. Fritz Senn, el director de la fundación, mostró su decepción a que hayan publicado el cuento sin su permiso, aunque descartó tomar acciones legales por los costos que eso supone. Por su parte, la editorial se defendió diciendo que la obra del dublinés ya era de dominio público (lo cual es un tema de discusión legal en relación a las publicaciones inéditas y las leyes de cada país).

Tiempo después, el libro pudo conseguirse en ediciones más económicas para el común de los mortales (por otros distribuidores e incluyendo ebook), y gracias a esto es que tenemos acceso a un aspecto casi desconocido de la obra de Joyce.

A continuación comparto ambos cuentos en español:

El gato y el diablo

Mi querido Stevie:

Hace unos días te envié un pequeño gato lleno de caramelos, pero puede que tú no conozcas la historia del gato de Beaugency.
Beaugency es un antiguo pueblecito situado en una orilla del Loira, el río más largo de Francia: Es también un río muy ancho, al menos para Francia. A su paso por Beaugency es tan ancho, que si quisieras pasarlo de una orilla a la otra tendrías que dar por lo menos mil pasos.
Hace muchos años los habitantes de Beaugency, cuando deseaban cruzarlo, tenían que ir en una barca porque no había puente. Y no podían hacer uno ellos solos o pagar a alguien para que lo hiciese. ¿Qué iban a hacer entonces?

El diablo que anda siempre leyendo los periódicos, se enteró de esta lamentable situación y por consiguiente se vistió de gala y fue a visitar al alcalde de Beaugency, que se llamaba Monsieur Alfred Byrne. Este alcalde también era muy amigo de engalanarse. Llevaba un manto escarlata y tenía siempre alrededor del cuello una gran cadena de oro, incluso cuando estaba en la cama durmiendo a pierna suelta con las rodillas en la boca.

El diablo le contó al alcalde lo que había leído en el periódico y dijo que podría hacer un puente para que los habitantes de Beaugency cruzasen el río tantas veces como quisieran. Dijo que podría hacer un puente tan bueno como nunca se había hecho jamás uno igual, y hacerlo en una sola noche. El alcalde le preguntó cuánto dinero deseaba por hacer semejante puente. Ni un céntimo, dijo el diablo, todo lo que pido es que la primera persona que cruce el puente me pertenezca. Muy bien, dijo el alcalde.

Cayó la noche, todos los habitantes de Beaugency se fueron a la cama y durmieron. Vino la mañana. Y cuando se asomaron a las ventanas exclamaron: ¡Oh Loira, qué magnífico puente! Porque veían un magnífico puente de sólida piedra tendido de un lado al otro del ancho río.
Todo el pueblo corrió hasta la cabecera del puente y lo cruzó con la mirada. Allá estaba el diablo, de pie al otro lado del puente, esperando a la primera persona que fuese a cruzarlo. Pero nadie se atrevía a cruzarlo por miedo al diablo.

Hubo entonces un sonar de trompetas -esa era la señal para que guardasen silencio- y apareció el alcalde M. Alfred Byrne con su gran manto escarlata y traía al cuello su pesada cadena de oro. Tenía un cubo de agua en una mano y bajo el brazo -el otro brazo- llevaba un gato.
Al verlo desde el otro lado del puente, el diablo dejó de bailar y enfocó su catalejo.
Cuchichearon todos unos con otros y el gato levantó los ojos, porque en el pueblo de Beaugency se permitía que los gatos mirasen al alcalde. Cuando se cansó de mirar al alcalde (porque incluso un gato se cansa de mirar a un alcalde), empezó a jugar con la pesada cadena del alcalde.

Cuando el alcalde llegó a la cabecera del puente, todos los hombres contuvieron la respiración y todas las mujeres contuvieron la lengua.
El alcalde soltó al gato en el puente y, rápido como el pensamiento, ¡Chapuzás!, le vertió encima todo el cubo de agua.

El gato, que ahora estaba entre la espada y la pared -el diablo y el cubo de agua-, se decidió como alma que lleva el diablo y corrió, con las orejas gachas, a través del puente hasta parar en los brazos del diablo.
El diablo estaba tan enfadado como un diablo.

Messieurs les Balgentiens, gritó del otro lado del puente, vous n’êtes pas de belles gens du tout! Vous n’êtes que des chats! (Que quiere decir: Señores Balgentiens, ¡no son ni siquiera personas! ¡No son más que gatos!) Y le dijo al gato: Viens ici, mon petit chat! Tu as peur, mon petit chou-chat? Tu as froid, mon petit chou-chat? Viens ici, le diable t’emporte! On va se chauffer tous les deux. (Que quiere decir: ¡Ven aquí, gatito mío! ¿Tienes miedo, mi minino monino? ¿Tienes frío, mi minino monino? ¡Ven aquí, el diablo te lleva! Nos vamos a calentar juntitos.

Y se marchó con el gato.
Y desde aquella época a los habitantes de ese pueblo les llaman “los gatos de Beaugency”.
Pero el puente sigue ahí y hay niños que pasean y montan en bici y juegan en él.

Espero que te guste esta historia,
Nonno.

P.S. El demonio habla casi siempre un idioma especial que se llama barrigobarboteo, pero cuando está muy enfadado puede hablar muy bien en un mal francés, aunque algunos que le han oído expresarse así dicenque tiene un acento dublinés muy pronunciado.

Los gatos de Copenhague

¡Ay! No puedo enviarte un gato de Copenhague porque no hay gatos en Copenhague. Hay montones y montones de pescados y bicicletas pero no hay gatos. Tampoco hay policías. Todos los policías daneses se pasan el día en casa en cama. Fuman grandes puros daneses y beben leche cortada todo el día. Hay montones y montones de chicos vestidos de rojo dando vueltas en bicicleta con telegramas y cartas y postales. Estos son todos para los policías de parte de viejas señoras que quieren cruzar la calle y de niños que escriben a sus casas por más dulces y de niñas que quieren saber algo sobre la luna. Los policías los leen todos en cama, fumando todo el tiempo y bebiendo leche cortada. Y entonces dan sus órdenes y los chicos de rojo regresan y le dicen a todo el mundo justo lo que tienen que hacer. Cuando venga a Copenhague otra vez traeré un gato y le mostraré a los daneses como puede cruzar la calle sin instrucciones de la policía y será mucho más barato (¡piensa en eso!) que un gato les muestre lo que tienen que hacer. ¡Sólo imagínate a un gato quedándose en cama todo el día fumando puros! Y, ¡sobre la leche cortada! Ningún gato la bebería. Y luego hay tal cantidad de pescado para ellos. ¿Qué piensas de todo esto?

Además de estos cuentos, la obra completa de James Joyce se compone principalmente en 3 novelas: Retrato del Artista Adolescente, Ulises, y Finnegans Wake (no traducida), un libro de relatos cortos (Dublineses), dos poemarios (Poemas Manzanas y Música de Cámara); unos poemas sueltos, sus escritos críticos (donde están algunos ensayos, como el de Ibsen que escribió a los 16 años para la universidad o el artículo “Retrato del Arista” que sería un predecesor de su primera novela), sus escritos breves (se incluyen las Epifanías y textos como Giacomo Joyce), una obra de teatro (Exiliados, a la que Beckett consideraba una obra sosa*) y su correspondencia (incluyendo las cartas a su esposa Nora). Mención aparte merece  “Stephen el Héroe”, la primera versión del Retrato (Joyce lo reescribió) que fue rescatada del fuego por Nora Barnacle y publicado mucho después. Hay una traducción de José María Valverde, pero no he podido conseguir el libro 😦

Mis libros de James Joyce.
* Cuatro Dublineses, Richard Ellmann. Página 169. Tusquets.
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