Introibo Ad Altare Dei

Relato del manifiesto de un retrato descriptivo

Mes: junio, 2015

[Cuentos Infantiles] Los gatos de James Joyce

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En algún momento de su vida, el irlandés James Joyce (1882-1941) también fue “víctima” del instinto protector de ser abuelo. Considerado uno de los más influyentes escritores del siglo XX, y conocido principalmente por su novela Ulises (1922); escribió en 1936, entre septiembre y octubre, sendas cartas con los dos únicos cuentos infantiles que se le conocen. El destinatario era su único nieto, Stephen J. Joyce (cuyo primer nombre pertenece al alter-ego juvenil del autor, Stephen Dedalus). ¿Qué tienen en común, entre sí, ambos cuentos? Sí, la respuesta es la presencia de gatos. Al parecer le envió uno lleno de dulces al pequeño Stephen, que por ese tiempo tenía 4 años y vivía en Francia (mientras que él residía en Dinamarca por una temporada), y para ambientar un poco le mandó las cartas ulteriormente.

El primer cuento, “El gato y el diablo”, fue publicado originalmente en Letters of James Joyce (1957) que posteriormente fue ilustrado en distintas ediciones (a partir de 1964) como un libro individual para niños. La historia de “Los gatos de Copenhague” es un poco más escabroza. La carta fue donada por Hans Jahnke, hijo de la segunda esposa de Giorgio Joyce (hijo de James), a la Fundación James Joyce en Zürich. Quienes han visitado estas instalaciones cuentan que cualquier investigador interesado en la amplia bibliografía disponible, es bienvenido y tiene un acceso muy poco restringido a los textos; incluso con la posibilidad de tomar notas o sacar fotografías (algo inusual en lugares de esta naturaleza). Es en este contexto que a inicios del 2012, la imprenta irlandesa Ithys Press dio la sorpresa y llamó la atención del mundo literario al anunciar la publicación de una edición de lujo -con ilustraciones- de 200 ejemplares (los precios oscilan entre las 300 a 1200 libras) de un cuento inédito del escritor. Fritz Senn, el director de la fundación, mostró su decepción a que hayan publicado el cuento sin su permiso, aunque descartó tomar acciones legales por los costos que eso supone. Por su parte, la editorial se defendió diciendo que la obra del dublinés ya era de dominio público (lo cual es un tema de discusión legal en relación a las publicaciones inéditas y las leyes de cada país).

Tiempo después, el libro pudo conseguirse en ediciones más económicas para el común de los mortales (por otros distribuidores e incluyendo ebook), y gracias a esto es que tenemos acceso a un aspecto casi desconocido de la obra de Joyce.

A continuación comparto ambos cuentos en español:

El gato y el diablo

Mi querido Stevie:

Hace unos días te envié un pequeño gato lleno de caramelos, pero puede que tú no conozcas la historia del gato de Beaugency.
Beaugency es un antiguo pueblecito situado en una orilla del Loira, el río más largo de Francia: Es también un río muy ancho, al menos para Francia. A su paso por Beaugency es tan ancho, que si quisieras pasarlo de una orilla a la otra tendrías que dar por lo menos mil pasos.
Hace muchos años los habitantes de Beaugency, cuando deseaban cruzarlo, tenían que ir en una barca porque no había puente. Y no podían hacer uno ellos solos o pagar a alguien para que lo hiciese. ¿Qué iban a hacer entonces?

El diablo que anda siempre leyendo los periódicos, se enteró de esta lamentable situación y por consiguiente se vistió de gala y fue a visitar al alcalde de Beaugency, que se llamaba Monsieur Alfred Byrne. Este alcalde también era muy amigo de engalanarse. Llevaba un manto escarlata y tenía siempre alrededor del cuello una gran cadena de oro, incluso cuando estaba en la cama durmiendo a pierna suelta con las rodillas en la boca.

El diablo le contó al alcalde lo que había leído en el periódico y dijo que podría hacer un puente para que los habitantes de Beaugency cruzasen el río tantas veces como quisieran. Dijo que podría hacer un puente tan bueno como nunca se había hecho jamás uno igual, y hacerlo en una sola noche. El alcalde le preguntó cuánto dinero deseaba por hacer semejante puente. Ni un céntimo, dijo el diablo, todo lo que pido es que la primera persona que cruce el puente me pertenezca. Muy bien, dijo el alcalde.

Cayó la noche, todos los habitantes de Beaugency se fueron a la cama y durmieron. Vino la mañana. Y cuando se asomaron a las ventanas exclamaron: ¡Oh Loira, qué magnífico puente! Porque veían un magnífico puente de sólida piedra tendido de un lado al otro del ancho río.
Todo el pueblo corrió hasta la cabecera del puente y lo cruzó con la mirada. Allá estaba el diablo, de pie al otro lado del puente, esperando a la primera persona que fuese a cruzarlo. Pero nadie se atrevía a cruzarlo por miedo al diablo.

Hubo entonces un sonar de trompetas -esa era la señal para que guardasen silencio- y apareció el alcalde M. Alfred Byrne con su gran manto escarlata y traía al cuello su pesada cadena de oro. Tenía un cubo de agua en una mano y bajo el brazo -el otro brazo- llevaba un gato.
Al verlo desde el otro lado del puente, el diablo dejó de bailar y enfocó su catalejo.
Cuchichearon todos unos con otros y el gato levantó los ojos, porque en el pueblo de Beaugency se permitía que los gatos mirasen al alcalde. Cuando se cansó de mirar al alcalde (porque incluso un gato se cansa de mirar a un alcalde), empezó a jugar con la pesada cadena del alcalde.

Cuando el alcalde llegó a la cabecera del puente, todos los hombres contuvieron la respiración y todas las mujeres contuvieron la lengua.
El alcalde soltó al gato en el puente y, rápido como el pensamiento, ¡Chapuzás!, le vertió encima todo el cubo de agua.

El gato, que ahora estaba entre la espada y la pared -el diablo y el cubo de agua-, se decidió como alma que lleva el diablo y corrió, con las orejas gachas, a través del puente hasta parar en los brazos del diablo.
El diablo estaba tan enfadado como un diablo.

Messieurs les Balgentiens, gritó del otro lado del puente, vous n’êtes pas de belles gens du tout! Vous n’êtes que des chats! (Que quiere decir: Señores Balgentiens, ¡no son ni siquiera personas! ¡No son más que gatos!) Y le dijo al gato: Viens ici, mon petit chat! Tu as peur, mon petit chou-chat? Tu as froid, mon petit chou-chat? Viens ici, le diable t’emporte! On va se chauffer tous les deux. (Que quiere decir: ¡Ven aquí, gatito mío! ¿Tienes miedo, mi minino monino? ¿Tienes frío, mi minino monino? ¡Ven aquí, el diablo te lleva! Nos vamos a calentar juntitos.

Y se marchó con el gato.
Y desde aquella época a los habitantes de ese pueblo les llaman “los gatos de Beaugency”.
Pero el puente sigue ahí y hay niños que pasean y montan en bici y juegan en él.

Espero que te guste esta historia,
Nonno.

P.S. El demonio habla casi siempre un idioma especial que se llama barrigobarboteo, pero cuando está muy enfadado puede hablar muy bien en un mal francés, aunque algunos que le han oído expresarse así dicenque tiene un acento dublinés muy pronunciado.

Los gatos de Copenhague

¡Ay! No puedo enviarte un gato de Copenhague porque no hay gatos en Copenhague. Hay montones y montones de pescados y bicicletas pero no hay gatos. Tampoco hay policías. Todos los policías daneses se pasan el día en casa en cama. Fuman grandes puros daneses y beben leche cortada todo el día. Hay montones y montones de chicos vestidos de rojo dando vueltas en bicicleta con telegramas y cartas y postales. Estos son todos para los policías de parte de viejas señoras que quieren cruzar la calle y de niños que escriben a sus casas por más dulces y de niñas que quieren saber algo sobre la luna. Los policías los leen todos en cama, fumando todo el tiempo y bebiendo leche cortada. Y entonces dan sus órdenes y los chicos de rojo regresan y le dicen a todo el mundo justo lo que tienen que hacer. Cuando venga a Copenhague otra vez traeré un gato y le mostraré a los daneses como puede cruzar la calle sin instrucciones de la policía y será mucho más barato (¡piensa en eso!) que un gato les muestre lo que tienen que hacer. ¡Sólo imagínate a un gato quedándose en cama todo el día fumando puros! Y, ¡sobre la leche cortada! Ningún gato la bebería. Y luego hay tal cantidad de pescado para ellos. ¿Qué piensas de todo esto?

Además de estos cuentos, la obra completa de James Joyce se compone principalmente en 3 novelas: Retrato del Artista Adolescente, Ulises, y Finnegans Wake (no traducida), un libro de relatos cortos (Dublineses), dos poemarios (Poemas Manzanas y Música de Cámara); unos poemas sueltos, sus escritos críticos (donde están algunos ensayos, como el de Ibsen que escribió a los 16 años para la universidad o el artículo “Retrato del Arista” que sería un predecesor de su primera novela), sus escritos breves (se incluyen las Epifanías y textos como Giacomo Joyce), una obra de teatro (Exiliados, a la que Beckett consideraba una obra sosa*) y su correspondencia (incluyendo las cartas a su esposa Nora). Mención aparte merece  “Stephen el Héroe”, la primera versión del Retrato (Joyce lo reescribió) que fue rescatada del fuego por Nora Barnacle y publicado mucho después. Hay una traducción de José María Valverde, pero no he podido conseguir el libro 😦

Mis libros de James Joyce.
* Cuatro Dublineses, Richard Ellmann. Página 169. Tusquets.

No Country for Old Men

Al terminar de ver la película me quedé con esa sensación que tienes cuando ves algo grande, pero todavía no terminas de asimilarlo del todo. Los comentarios que vi sobre “No Country for Old Men” son diversos; como siempre sucede con lo que despierta apasionamientos (ya sean positivos o negativos) que derivan de distintas percepciones y modos de apreciar una obra artística (gustos, conocimientos, experiencia). Desde los críticos que saludaban la apuesta (hoy en día, atípica) de La Academia por premiar la calidad en contra de lo convencional, hasta los que llegaron a los límites del aburrimiento y la calificaron de un verdadero fiasco. Lo cierto es que a mí sí me gustó (bastante), y aquí dejo una pequeña apreciación sobre ella (ALERTA SPOILERS, SI NO LA HAS VISTO NO SIGAS):

Asistimos al relato de tópicos muy conocidos, pero que aquí son contados de manera reflexiva y muy pesimista: el triunfo del mal sobre los valores obsoletos del pasado. Esta encarnación desfasada del bien es encarnada por un correcto Tommy Lee Jones, el nostálgico Sheriff del pueblo de Texas en donde ocurren los primeros hechos. Desde el inicio nos da a conocer su forma de pensar, el sentimiento de verse sobrepasado con los acontecimientos actuales que no comprende; quizá se niega a hacerlo. Nos cuenta un caso de un asesino que fue enviado a la silla eléctrica gracias a su testimonio, que al parecer mataba por puro placer. El contexto se presenta como hostíl y peligroso, a diferencia de las añoranzas del pasado donde los hombres de ley no necesitaban llevar armas (algo difícil de creer, según lo que él mismo dice).

Llewelyn Moss (Josh Brolin) es un cazador aficionado, que por casualidad (Chigurh diría que los principios que tiene lo han llevado allí) se encuentra en medio de una matanza de traficantes de droga. El lugar y momento equivocados, sin lugar a dudas. El conflicto que se nos presenta en la historia es simple: un hombre encuentra dos millones de dólares y decide quedarse con ellos. Ahora, a pesar de ser como es, Llewelyn debe enfrentarse a ciertos conflictos morales, como el de llevarle agua al mexicano moribundo (la peor decisión de su vida, según sus palabras). Es desde este momento en que el cuerpo de la trama empieza a moverse, y Moss debe hacer hasta lo imposible para salvar su vida. Aquí McCarthy (el autor de la novela), nos presenta algo que también nos dejó entrever en su primer guión original, The Counselor (Ridley Scott, 2013) y es que la violencia y la maldad se han salido de cualquier límite controlable (como le comenta el otro oficial al personaje de Tom Lee Jones, todo se trata sobre drogas y dinero). Sin embargo, lo que faltó en ese film, una dirección visible (la película es prácticamente de McCarthy), aquí se encamina por una genial dirección de los hermanos Coen; un trabajo serio para el que dejaron de lado, en parte, su ácido y característico humor negro y se centraron más en la sobriedad de la obra.

Mención aparte merece la participación de Javier Bardem, sin duda el mejor papel en el que lo he visto. El actor se mete en el personaje de Anton Chigurh, el psicópata asesino, de manera magistral y totalmente creíble. Incluso hay escenas, como la del grifo, en la que te da la sensación de estar en una película de terror y suspenso. Poco a poco vamos conociendo su personalidad, un hombre despiadado que, a pesar de ello, se rige por ciertos principios. A veces deja el destino de una persona al azar, tirando una moneda (lo cual es una excelente alegoría de su frialdad). A él lo contratan para recuperar el dinero luego de la fallida transacción con los mexicanos, sin embargo su empleador (se supone que un intermediario que trabaja para la gente que es dueña de los dos millones), no confía en él puesto que cometió asesinatos indiscriminados incluso contra su propia gente. Entonces, toma dos acciones en el asunto: contrata a otro asesino / cazador de recompensas llamado Carson Well (un desapercibido Woody Harrelson, quizá la actuación menos favorable junto a la de la esposa de Moss) para que recupere el dinero y se deshaga de Chigurh (se conocían). La otra es darles un identificador a los mexicanos, para que también busquen el dichoso maletín que tenía un aparato de rastreo(“mientras más gente lo esté buscando, mejor”). Para resumir un poco, que ya me he extendido demasiado, Chigurh acorrala a Moss que se estaba escondiendo en moteles de poca monta, mata a unos mexicanos que también lo estaban buscando, tienen un enfrentamiento donde lo hiere (y él es disparado en una pierna, que luego lleva a la estupenda escena de la farmacia). Moss debe escapar a México, así que tira el maletín cerca del río que está en la frontera. Aquí creo que también se da otra pequeña muestra del discurso ideológico de la película, que es la avaricia (en contraposición de la filantropía) de las nuevas generaciones cuando Moss le compra una chaqueta a un adolescente. Termina en el hospital, y es encontrado por Carson que se ofrece a ayudarlo a cambio del dinero.

Al final de todo esto, Carson encuentra la ubicación de la valija pero es asesinado por Chigurh, y le da a dedicir a Llewelyn si quiere entregar el dinero y morir, o dejar morir a su esposa. Esta es otra decisión ética para el personaje, que opta por tratar de buscar al asesino y matarle. Le dice a su esposa que vaya a un hotel en El Paso, y que él también iría allí. Para esto Anton ya había asesinado a su empleador, por no confiar en él. La cuestión es que uno de los mexicanos aborda a la madre de Carla Jean (la esposa, interpretada por Kelly Macdonald) y descubre en dónde estará Moss. Él llega al hotel antes que ella, pero poco después es asesinado en un tiroteo. Justo en ese momento llega Ed Tom, el Sheriff para presenciar la escena sangrienta y la matanza. Después de eso llega la esposa, para darse cuenta de que Moss estaba muerto. El Sheriff vuelve a la escena, y en lo que puede llegar a ser un encuentro con el personaje de Bardem lleno de suspenso (que al final no sucede), se convierte en la decisión definitiva de Ed Tom (se deja entender que Anton huye con el dinero, ya que fue a la escena del crimen a recuperarlo y se ve que Moss lo había vuelto a esconder en la ventilación).

Anton Chigurh representa lo opuesto a Ed Tom Bell. Cuando sale de asesinar a la esposa de Moss (por la promesa que le había hecho, una reafirmación de su personalidad), tiene un accidente de auto que lo deja grave. En lugar de esperar a la ambulancia que estaba llegando, decide hacerse un cabestrillo con la camisa que le compra a un puber del vecindario y se va como si nada (en el libro le entrega el dinero a un tercero, porque se supone “tenía ciertos principios”. Aquí se deja de manera ambigua el hecho de que lo haya tenido o no, aunque se intuye que sí). Esto representa el triunfo de la violencia y el mal, la superación que siente Ed Tom sobre su propia labor ya que sus métodos son insuficientes. Hay algunos guiños a esto en la película, como cuando Anton asesina al oficial que lo había capturado en un principio sin ningún problema, o cuando Ed no se da cuenta del arma asesina a pesar de estar hablando de ella en su conversación con Carla Jean. Cuando Ed Tom tiene la determinación de retirarse, tiene una pequeña conversación con un amigo / familiar en silla de ruedas que le hace ver como las cosas no son ni mejores ni peores, sino que siempre han seguido la misma tendencia. Y creer lo contrario es simple vanidad.

En la escena final vemos cómo el ex Sheriff se siente intranquilo en su casa, a pesar de saber que ha tomado la decisión “correcta” al no estar más en ese mundo en el que no puede ser capaz de hacer nada (y de ahí el título, no es país para “débiles” o “viejos” [varias veces comenta que está envejeciendo, y esto es en doble sentido]), aún cree que debería haber hecho algo más, por lo que se siente insatisfecho (y trata de mantenerse ocupado, como cuando le dice a su esposa que quiere ayudarla y esta le dice que mejor no). La última secuencia de la película son los sueños que Ed tiene la noche anterior. Son dos (se los cuenta a su mujer):

En el primero, su padre le da dinero y este lo pierde. Creo que aquello representa la carga y responsabilidad que su padre le había delegado (él viene de una familia de Sheriffs), y que ha fallado en su propósito. El segundo, mucho más interesante, se desarrolla en un escenario de “los viejos tiempos”, donde él cabalgaba junto a su padre en un paso de unas montañas. Su padre lo pasa, y tiene en la mano un cuerno encendido como una antorcha. Hace frío y todo está cubierto de nieve, él también quiere hacer un fuego para alumbrarse de esa oscuridad (la maldad iluminada por la justicia). Sabe que al lugar en el que llegue, su padre lo estará esperando. Lo esperará para pasarle la antorcha y pueda alumbrar su camino de cualquier mal. Pero luego de eso, despierta.

Mucha gente no le encontró sentido a esta escena final y pensó que era un despropósito, pero para mí es la escencia de todo lo que se ha contado anteriormente. El encuentro con la realidad.