Retrospección

La primera vez que miré el atardecer con Aulin en la laguna de Saint Louis, en Innsmouth, me concentré tanto en la temblorosa y sudada mano que sujetaba la suya, que apenas puedo recordar algunos detalles. “Parece el Pandæmonium” ¿El qué?. “La capital del infierno o algo así. Las nubes allí también deben ser rojas”. Eso, y nada más. Quizá solo lo imaginé. Recuerdos, fantasmas vistos a través de un cristal roto de ilusiones fragmentadas.

Era el cinco de Abril del 2003 y yo tenía 18 años. En las fiestas universitarias ves a mucha gente, conoces personas. Aulin destaca a la distancia: cabello corto con las puntas azules. Me ve y me saluda, “es bueno verte después de todo este tiempo, las clases han hecho que desaparezca”. Me presenta a su novio, Zack, y en efecto, desaparece. El seis de abril tengo relaciones sexuales por primera vez. La conozco esa noche, dice llamarse Fernanda y es dos años mayor que yo.

Al año siguiente Aulin celebra su cumpleaños número 19 en casa de algún amigo suyo. Estoy invitado. No voy. Regresa con Zack; me lo cuenta en un mensaje lleno de emoción un día después. La felicito.

Con 20 años tengo mi primera relación larga. Ella dice estar enamorada, yo también lo siento. Su nombre es Sofía. Pasa otro mes antes de que terminemos.

El 29 de junio del 2008, a los 23, salgo del trabajo a las 9 pm. En el cruce de la quinta avenida con Espinoza, veo a Aulin dirigiéndose a la estación con dos amigas. Ella me ve, esboza una sonrisa y sigue su camino. Hago un ademán con la mano, pero se pierde entre la gente.
Llegando a casa, veo fotos en su página personal. No parece haber nadie nuevo en su vida. El 30 de junio, una grabación de voz me dice que el número que he marcado no existe. Envío un mensaje que nunca tendrá respuesta.

En mi cumpleaños 24, tomo vacaciones y regreso a Innsmouth. Hay mucha gente en el lago Saint Louis; parejas en día de campo, besos apasionados. En un rincón apartado, dos adolescentes se toman de la mano. Regreso inmediatamente a la ciudad.

Atardecía.

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