En busca del nabo encurtido

por patrickjmacosta

Hablemos de nabos. Los nabos son interesantes, ¿por qué no hablar de nabos si, bien preparados, son deliciosos? Un nabo encurtido, por ejemplo. ¿Sabían lo complicado y dificultoso que es preparar uno medianamente bueno? Porque ya no sólo trasciende en esta tarea la calidad en sí (aunque también sea un factor importantísimo; siempre tierno, siempre delgado), si no también el corte; que es todo un arte. No suele cortarse de un modo convencional, digamos, como el pan o la carne. Se sostiene el vegetal en posición vertical con la mano izquierda, y se corta con la derecha. Este procedimiento es totalmente imprescindible, de lo que podemos deducir que no cualquiera puede cocinar uno; un zurdo, por ejemplo. Luego, se rebana muy finamente, como dirigiéndolo hacia el cuerpo de uno mismo. La coexistencia de sabores —agrio, dulce, y picante—, es prácticamente imposible de lograr, y más aún si se trata de que alguno predomine. Esto quiere decir, que es muy difícil encontrar un nabo, cortarlo, y mucho más prepararlo.

Pero mejor hablemos de su historia. Etimológicamente, nabo viene de la palabra «napus», de raíz latina, que significa “planta para zurdos”; nombre que le hace a uno pensar. Dejando las ironías, la RAE —en su primera acepción— lo define así: «Planta anual de la familia de las Crucíferas, de cinco a seis decímetros de altura, con hojas glaucas, rugosas, lampiñas, grandes, partidas en tres lóbulos oblongos las radicales, y enteras, lanceoladas y algo envainadoras las superiores; flores en espiga terminal, pequeñas y amarillas, fruto seco en vainillas cilíndricas con 15 ó 20 semillas, y raíz carnosa, comestible, ahusada, blanca o amarillenta». Esta definición refleja, así, la complejidad del nabo, porque tampoco entiendes nada leyéndola. Su nombre científico es “Brassica rapa”, inspiración para numerosos grupos de rap brasileros que se declararon fans de la brasicácea (una hortaliza, vamos), y se cultivaba ya desde tiempos griegos y romanos, siendo probablemente nativa de Eurasia.

Lo que le da ese delicioso sabor es su raíz napiforme (o sea, en forma de nabo. La raíz del nabo tiene forma de nabo; o tu nariz), idea que contradice el horrible sabor de la zanahoria. Su consumo se ha extendido a todo el mundo, y su popularidad es tal que algunos países se han planteado ponerlo como símbolo patrio. Entre los beneficios del nabo están (siempre y cuando sea de buena calidad, lo cortes y cocines bien y, sobre todo, no seas zurdo) el aporte de la vitamina N, A, B y O; mucho potasio y calcio, el yodo, entre otros. También se puede usar externamente como cataplasmas (¿?), sometiendo la raíz a cocción y utilizándolas como una suerte de aplicación para el escozor. Para terminar, un poema dedicado al nabo por un admirador anónimo:

“Nabo, brasicácea en el cielo, hortaliza en la tierra; napiforma de mi ser, corte de mi alma; dulce aroma vegetal, agrio fuego infernal, picante raíz carnosa: N-A-B-O. NNNAAABBBOOO. Nabokov comía Nabo”.

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