Brevísimo cuento infantil

por patrickjmacosta

Esta es la historia de un borracho, un borracho llamado Grimor. Vagaba el buen hombre por las calles de Dublín, tambaleante e inmerso en una hermosa danza al son del agua de vida. Proyectábase su sombra en el claro del bosque, donde los rayos de luna alcanzaban a transfigurar su nariz aguileña, dándole la forma corva de una potente ave celestial. Vio un dragón en el cielo: “Estoy muy borracho”, pensó. Bajó el dragón a la orilla del lago, asentó sus alas, otorgándoles la mítica de un arco perfecto; le habló de esta forma: —— ¡Oh! Grimor, hombre entre hombres, bendito y hermoso; mereces una evocación propia de las antiguas epopeyas griegas. Déjame ser tu musa inspiradora, y pídeme tres deseos.
—— Estoy muy borracho ——balbuceaba Grimor——.
—— Pídeme tres deseos ——repitió el dragón, impaciente——.
—— Bien ——dijo Grimor, con la voz ronca y entrecortada como precedente de su embriaguez en el bar de Louise, horas antes del presente suceso——, quiero que revivas a mi esposa. La quiero devuelta.
—— ¿Cómo murió? ——inquirió el gigante reptil——.
—— Yo la maté ——respondió el borracho——.
—— ¿Por qué la mataste?
—— Me era infiel.
—— ¿Con quién?
—— Sospecho que conmigo mismo.
—— No puedo, pídeme otra cosa.
—— ¿Por qué?
—— Porque tú la asesinaste ——respondió la musa——.
—— Errhm… De acuerdo. Entonces, dame una botella de whisky.
—— Héroe entre héroes ——recitaba el animal——, como tú lo has pedido, así tus anhelos serán cumplidos. Y de pronto, una botella del más fino whisky irlandés apareció en la mano de Grimor, quien, feliz por el extraordinario acontecimiento, reflexionó: —— Me has hecho sentir vivo de nuevo, estoy satisfecho ahora que me diste lo que siempre he querido. Tengo en este momento todo lo que necesito, puedes irte. No se me viene a la mente ningún otro deseo.
El dragón, con sutil ligereza, se sumergió en el lago; desapareciendo en una fina floritura que dejó una pequeña marca en la cristalina fuente, hasta borrarse por completo.
Grimor se incorporó del suelo. Pudo ver la abolladura del automóvil que lo había golpeado. Se notaba grande y robusta, como su cuerpo mismo. Un DeLorean, al parecer (estaba oscuro). Era raro ver un DMC-12 en Dublín; era raro ver uno en el mundo. Y aún más extraño verlo chocarse. Pero ¿qué probabilidades había de que sea con él? Un verdadero milagro, sin duda. «¡El muerto se ha levantado!». Oía el tumulto de la gente, gritos encontrados en desorden, alaridos que se batían en el caos de las avenidas circundantes, susurros apagados, huecos… Y el frío del invierno estremecía sus entrañas. Las sirenas se acercaban. Ahora sí iba a morir, lenta y dolorosamente. Recordó el pasado. Sujetó fuertemente la botella de licor que le fue entregada como última voluntad. “Estoy muy borracho”, dijo.

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