Sin título

por patrickjmacosta

Arrastrándose con paso mezquino, las palabras, atropelladas, fluctúan en un vaivén incesante que penetra la frontera de la historia y el tiempo. Trazando la ruin travesía, el verbo que nace y renace en un constante surgir de cenizas, ahoga un grito misterioso y breve; limitando al ser. Entonces muere. Vida es principio y fin; anagrama que sondea la esencia del lenguaje y pensamiento. Infructuosa, la leve tristeza que cae rendida, desfallece. Y el espíritu de Dios revolotea sobre las aguas. Los confines más profundos de la mente, crean pequeñas imágenes ajenas a la memoria: significantes exteriores que reflejan ideas; son como espejos que flotan en la superficie del inconsciente colectivo, para después sumergirse en un océano de sedientos deseos. Lágrimas fluyen, desgarrando la existencia. Terriblemente humanos, reticentes a reprimir emociones y sentimientos, buscamos razón y sentido. En el límite de lo escrito caemos, trémulos, a través de ojos que nos juzgan. Desnudos y transparentes, caminamos por un sendero de luces y sombras. La llama se apaga. Pero historia y tiempo continúan. Desesperanza, desesperanza, desesperanza… ¡Levantémonos! Aún no estamos perdidos. Al tercer día seremos hombres nuevos.

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