El misterio de Kazhanks

por patrickjmacosta

Londres, Inglaterra 1705. Hoy será mi primer día como Marino.

El día está muy nublado y casi no dormí; el barco está indicando que es la hora de zarpar.

Yo soy natural de Perú, graduado de médico en la Universidad Mayor de San Marcos.

Lo que me hizo venir a este lejano país europeo fue por supuestas oportunidades económicas. Desde que llegué no he podido desarrollar mi profesión y el poco dinero con el que vine ya se me a acabado por completo. Un amigo mío me recomendó que iniciara como marino, era una buena alternativa a mi parecer así que me presenté ante esta compañía y me aceptaron gustosamente, para mi extrañeza. Es por eso que estoy aquí: preparado para partir en mi primer viaje y sin ninguna experiencia (salvo con las cosas básicas que aprendí por mi cuenta). Esta es una de las más reconocidas empresas particulares de embarcaciones; su objetivo es exportar desde Inglaterra al exterior diversas mercancías de mercado; ya sea por contrato o las propias del dueño.

Lo mejor de Umi —así es como se llama esta naviera— es que les brindan a los miembros más veteranos una buena pensión de por vida; por más o menos unos quince años de servicio —claro que yo no pienso quedarme tanto tiempo—.

Una vez adentro las habladurías y comentarios sobre “Kazhanks, la misteriosa isla” se prolongaron hasta la noche. El capitán del barco, un hombre de aspecto amable y complexión delgada decía que este era su último viaje. Era de origen asiático —chino a mi parecer­­­­­— y ya estaba pasado en años. Iba a disfrutar de su pensión viviendo tranquilo en el campo de Japón —su país natal, me había equivocado al calificarlo chino —.

— Vaya, así que ya a completado sus quince años de estar aquí, capitán Krust.

El viejo capitán sonrió y dejó escuchar una leve risa

— ¿Quince años? —Preguntó el capitán— Oh, no señor Eduard yo ya llevo aquí 35 años, es decir 20 años más de los necesarios

Una vez más se oyó la leve risa.

— Es mejor que se vaya a dormir señor Eduard. Mañana será un gran día: llegaremos temprano y desembarcaremos, pero después de eso tenemos permiso para quedarnos hasta el día siguiente celebrando mi despedida y quiero que usted esté entre los presentes, sabe me cae muy bien

— Muchas gracias capitán —le dije—, estaré ahí.

Después de eso salí del lugar de mando y fui a los camarotes a descansar.

 

 

 

Mi sorpresa fue que antes de entrar puede ver que en un rincón del barco había dos marinos miembros de la tripulación hablando sobre Kazhanks.

Ya había oído hablar en mi primer día de esta isla, que en realidad sólo era una leyenda.

El capitán Krust decía que Kazhanks simplemente era una de las tantas fantásticas historias inventadas por los marinos. Y claro que él no creía en ninguna de ellas.

A pesar de esto, y además de que normalmente nunca antes me había dejado llevar por este tipo de cosas me entro una extraña curiosidad por saber más sobre la isla de Kazhanks.

Al acercarme, uno de los hombres se marchó a dormir. Cuando el segundo sujeto se dispuso a hacer lo mismo después de observar el oscuro horizonte por unos momentos lo retuve diciendo:

 

— Muy buenas noches, Señor…

­— Manson, Héctor Manson

­­— Sí, señor Héctor me preguntaba sí

— ¿Es su primer día no? – Interrumpió el señor Manson –

— Si… sí, lo es

— Vaya, que curioso. ¿Quiere saber sobre Kazhanks cierto?, todos los marinos quieren hacerlo en su primer día (o querían hacerlo), hablar de este tipo de cosas es nuestro único entretenimiento, ¿sabe? Claro además de practicar juegos de azar.

Después de decir esto el señor Héctor mantuvo una prolongada carcajada, algo seca como la de un típico marinero que ya tiene algunos años de experiencia.

— ¿Usted lleva aquí muchos años?

— Los llevo sí, pero no los suficientes. Aún no me ha dicho su nombre

— Eduard, Eduard Delmonte

— Muy bien señor Eduard, ¿qué es lo que quiere saber?

— Esta isla… Kazhanks, ¿de qué se trata exactamente?

— Un tipo llamado Matius (amigo mío) trajo la leyenda hace algunos años, decía que uno de sus antepasados estuvo ahí hace mucho tiempo e hizo un mapa, el cual paso de generación en generación, de mano en mano… Ya sabe, hasta que él por fin lo tuvo. Nos lo enseñaba casi a diario, era su mayor tesoro, tenía la idea de que algún día iba a encontrar esa isla, como alguna vez lo hizo su tatarabuelo (según decía). Eso paso ya hace 3 años (el día en que fue su primera vez en el barco), ese mismo año la historia se puso de moda, pero el siguiente quedo en el olvido. Hasta que Matius murió el año pasado

— ¿Murió? —Interrumpí de inmediato—, ¿Cómo Murió?

— Fue en un naufragio, el barco se hundió debido a una tormenta torrencial y perdimos a muchos hombres, incluido él. Aunque lo buscamos varios días nunca lo encontramos. A raíz de eso la historia volvió a salir a flote, pero muy pocos la comentan. A los nuevos ya no les llama la atención (excepto a ti) te aseguro que dentro de unas semanas… O días ya nadie la recordará.

— ¿Y el mapa? ¿Qué pasó con el mapa, se perdió con él?

— No… De hecho fue lo único que encontramos, al último día de búsqueda pude ver su chaqueta flotando en un tronco, la recogimos y en uno de los bolsillos estaba el mapa. Yo lo tome, lo tengo hasta ahora.

Anuncios