Carta dirigida a las cenizas

por patrickjmacosta

Sobre las cenizas de las palabras escritas; y antes olvidadas, redacto esta carta imbuido de la más grande humildad jamás conocida.

Esta falta de soberbia, como bien sabes, se debe a ——principalmente—— dos motivos. El primero, y más importante, es que la comprensión real de lo que significaba para ti el actuar de manera tan impropia a mis ojos, tenía un sentido totalmente distinto según tu percepción. Entendí que, para ti, mi «draga» amiga, el significado que le otorgas a una acción (por lo menos hasta el momento en que nos hemos visto tristemente separados) es tan distante de los imaginarios ilusorios a los que me había acostumbrado idealizar en tu persona que rozan lo irreal, si lo piensas detenidamente. Esta distopía que aquejó tan trágicamente a mi mundo (simbólicamente, tú) me obligó a desesquematizar mis acciones y actuar impulsivamente; utilizando el recurso más inmediato que tenía a mi disposición: reventar de ira. Sabes tan bien como yo que proferir gritos no es lo mío, y el quehacer delicado tampoco; pero como siempre me conociste en ese punto medio tan acogedor, puedo intuir lo que en ese instante pensaste sobre mí y mi actuar. Y conociéndote, como te conozco (o creía conocer) deduzco sinceramente que al leer esta carta tu opinión no habrá cambiado en absoluto. Sé que para cortar totalmente unos lazos que en el pasado fueron tan estrechos, se debe arrancar el problema de raíz. Y resulta, que la raíz soy yo. Estoy profundamente sorprendido por la forma en que decidiste desaparecer completamente a mi ser; anularle la existencia, a un extremo tan poco atractivo de realmente creer que nunca viví sobre esta tierra. Pero más allá de eso, e independientemente de lo que decidas, quiero escribirte de una vez por todas lo que siempre te he tenido que decir, pero nunca me he atrevido. Ahora que te veo un poco distinta, sin esa aura intocable, creo que me es más fácil hablarte de ciertas cosas. Esta es básicamente la razón de tamaña diligencia.

Como sea, no he olvidado el segundo motivo por el cual escribí esas irónicas primeras líneas (aunque para mí sean ciertas) y disculpa si me tomo la libertad de convertirme en un ser tan informal para expresar sus palabras, pero si quiero hablarte con total sinceridad no veo otra salida.

Recientemente, había crecido en mí una semilla: el árbol de la duda iba extendiéndose por todo mi cuerpo. Esta sensación dubitativa, no me dejaba, obviamente, ser alguien humilde. Mi visión se había visto tan sesgada, que me veía envuelto por una obscuridad absoluta; nada estaba claro en mi camino. Para ponerme un poco romántico, diré que gracias a ti pude vislumbrar un pequeñísimo haz de luz que, poco a poco, iba acercándose a mis ojos, a mi alma. Y cubría con su cálida esperanza cada rincón de mi cuerpo. Espero que puedas entenderme; quiero decir, mis expectativas al conocerte, al verte por primera vez y al hablar contigo de la manera en que lo hice, fueron tan altas que cuando sufrí mi ‘decepción’ personal (de la cual yo era el único participante) quedé completamente destruido. Estaba tan devastado que sentía como si un baldazo de agua fría me hubiera hecho perder el equilibrio, cayendo de cara contra el duro pavimento. Si aún puedes seguir leyéndome después de decirte esto, me gustaría pedirte algo. Necesito que me prestes mucha atención a lo que estoy por decirte, porque creo yo es lo más importante de todo lo que aquí he hablado ——en tu cabeza——. Puedes descartar todo lo demás, quemar la carta entera (excepto la parte que viene antes de leerla) o tirarla a la basura si tú quieres, pero te pido que me prestes toda tu atención. Concéntrate. Y agárrate fuerte, además de que espero que me disculpes con anticipación las manchas del papel, que no son lágrimas, sino vagas y pequeñas imágenes de nosotros dos yendo por vías separadas después de cruzar la pista de alguna calle olvidada por el tiempo.

¿Recuerdas que dije que gracias a ti había recuperado mi sentido de la humildad? Bueno, era más que eso.  La contradicción con la que hoy he empezado mi correspondencia, y lo que antes habría sido para mi un sinsentido; una frase vacía atrapada en un laberinto cretense destinada a hallar la muerte capturada en murallas sin salida, es ahora una pequeña parte de lo que me permite conocerte sin la máscara de tu personalidad… ¡De la forma en que realmente eres!

Ahora, como dirían miles de aspirantes a literatos „citando” a Jack: vayamos por partes.Imagen

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